La crema del espresso: ¿mucha crema es buen café?

Cómo leer una taza

La crema naciendo: el CO₂ disuelto se libera al caer la presión a la salida del portafiltro.

Es lo primero que mira todo el mundo y lo que casi nadie sabe leer. Una capa de crema espesa y persistente se toma por señal de café bueno, y una crema fina que se abre a los pocos segundos, por señal de que algo va mal. Ninguna de las dos lecturas se sostiene, y la ciencia que lo explica lleva publicada desde los años noventa.

Qué es exactamente la crema

La crema es una espuma: burbujas de gas atrapadas en una película líquida. Hasta ahí, lo que cualquiera imagina. Lo interesante es de qué está hecha cada una de esas dos cosas.

El gas es dióxido de carbono generado durante el tueste y retenido dentro de la estructura celular del grano. No es aire que entre al batir: es gas que llevaba días o semanas encerrado en el café y que sale de golpe cuando el líquido pasa de las nueve atmósferas del portafiltro a la presión de la calle.

Y la película que lo envuelve es lo que hace que un espresso no se parezca a ninguna otra bebida de café. En palabras de la revisión que publicaron en 2011 Ernesto Illy y Luciano Navarini, de illycaffè, la fase continua es «una emulsión de aceite en agua de gotas microscópicas de aceite —el 90 % de menos de 10 micras— en una disolución acuosa de varios solutos (azúcares, ácidos, material proteico y cafeína) que contiene además fragmentos sólidos de pared celular de 2 a 5 micras».

Léelo otra vez, porque ahí están las tres cosas a la vez. Un espresso es espuma (el gas), emulsión (el aceite en el agua) y suspensión (los sólidos). Un café de filtro no es ninguna de las tres: es una disolución. Por eso el espresso tiene cuerpo y el filtro tiene claridad, y por eso no tiene sentido juzgarlos con la misma vara.

Los aceites están, pero no son los que sujetan

Aquí hay un matiz que cambia toda la conversación, y que casi nadie cuenta bien.

Es cierto que la crema es aceite emulsionado e inflado por el gas: la pared de cada burbuja es, literalmente, una emulsión de aceite en agua. Pero no es el aceite lo que mantiene la burbuja en pie. Eso lo hacen dos familias de moléculas que el tueste fabrica o libera:

  • Las proteínas y las melanoidinas —los compuestos pardos del tueste— determinan cuánta espuma se forma.
  • Los polisacáridos de alto peso molecular —galactomananos y arabinogalactanos— determinan cuánto dura. Son los que dan viscosidad a la película y evitan que se escurra.

¿Y el aceite? Va dentro, se bebe y aporta cuerpo y aroma, pero como agente espumante juega en contra. La misma revisión lo dice sin rodeos: «la influencia negativa de los lípidos sobre la espumabilidad parece ser más que una observación aislada». La grasa libre compite con las proteínas por la superficie de la burbuja, debilita la película y favorece que reviente. Es el mismo motivo por el que una gota de aceite deshace la espuma de la cerveza.

Así que la intuición de que «son aceites emulsionados por el gas» describe bien lo que se ve, pero se queda a medio camino: el andamio no es el aceite, es el azúcar complejo y la proteína.

Por qué un café muy fresco hace tantísima crema

Recién molido, el café contiene entre 4 y 8,6 miligramos de CO₂ por gramo. Ese gas se va escapando durante las semanas siguientes al tueste. Un café de dos o tres días está cargadísimo.

Y un café cargado de gas hace una crema espectacular a la vista: alta, pálida, de burbuja gorda… y que se viene abajo enseguida. Ha formado mucha espuma porque tenía mucho gas, no porque tuviera nada que la sujetara. Y el gas que sigue saliendo del café molido puede estorbar al agua dentro del disco.

Es exactamente lo contrario de lo que la gente cree cuando ve esa crema enorme. Lo contamos con más detalle en cuándo hay que tomar el café después del tueste: un café necesita reposar unos días antes de estar listo, y el espresso es el método más exigente con eso.

La crema, además, no sabe a gran cosa

Esta es la frase que más incomoda, y no es nuestra. La recogen los investigadores de illycaffè en su revisión científica sobre la espuma del espresso: «se ha publicado que, en cuanto al sabor, la crema tiene poco interés sensorial», aunque probada sola, sin el resto del café, se le notan amargor y astringencia.

Que lo recoja una casa italiana que lleva décadas estudiando el espresso tiene su gracia. La crema es un fenómeno físico precioso y una buena pista para quien prepara el café. Lo que no es, es la parte rica de la taza.

Entonces, ¿para qué sirve mirarla?

Para lo que sirve de verdad: como instrumento, no como nota. Una de las ideas más extendidas sobre la crema dice que «cualquier error en la molienda o en la percolación, en la temperatura o en el nivel de extracción, queda inmediatamente denunciado por el color, la textura y la persistencia de la espuma». La revisión de illycaffè la recoge como una de las más asentadas y avisa de que se apoya en casi un siglo de prueba y error más que en mediciones: sirve como pista, no como veredicto.

La crema no te dice si el café es bueno. Te dice si esa extracción concreta ha ido bien. Son dos preguntas distintas:

  • Crema muy alta, pálida, de burbuja grande, que se desploma en segundos — muchas veces, café demasiado fresco, con exceso de gas.
  • Crema muy oscura, casi marrón quemado — apunta a tueste muy oscuro o a sobreextracción.
  • Sin crema apenas y agua clara por debajo — molienda demasiado gruesa, dosis corta o café pasado de fecha.
  • Crema fina, de color avellana, que se abre despacio — normalmente no pasa nada. Sigue leyendo.

La crema exagerada tiene truco, y es una decisión de estilo

Esa crema densa e interminable que se asocia al espresso italiano no aparece sola. Se atribuye a tres decisiones, y solo dos están medidas:

  • Tueste oscuro. Está medido: la espumabilidad del espresso sube con el grado de tueste. Un tueste oscuro da más espuma que uno claro o medio con el mismo café.
  • Robusta en la mezcla. Se repite que sin robusta no hay crema italiana, pero la revisión de illycaffè concluye que el papel de la especie en la espuma no está establecido, y hay estudios que no encuentran diferencias de volumen entre arábica y robusta.
  • Poco reposo. Más gas, más espuma.

Nada de esto es una trampa: son decisiones de estilo, y ese estilo tiene su público y su historia. Pero conviene saber lo que se está midiendo. Cuando alguien dice «este café es bueno, mira qué crema», lo que en realidad está describiendo es, sobre todo, un tueste oscuro y probablemente poco reposado. Puede gustarte —es legítimo—, pero no es una medida de calidad.

Y hay un motivo más para desconfiar de la crema abundante: en los estudios que recoge esa revisión, los cafés que daban más volumen de espuma daban una espuma menos persistente. Cuánta crema se forma y cuánto dura dependen de moléculas distintas, y no suelen ir juntas.

Y si tu espresso tiene poca crema y se abre enseguida

Probablemente no le pasa nada.

Un arábica de tueste medio, bien reposado, suele hacer una crema de color avellana, de espesor moderado, que se abre pronto en la taza. Eso no es un defecto: es lo que corresponde a un café con menos gas y menos tueste. Si el líquido de debajo tiene dulzor, cuerpo y un final limpio, la taza está bien, dure la crema lo que dure.

La prueba definitiva sigue siendo la de siempre y no se hace con los ojos: bébetelo. Y si quieres una segunda opinión, remueve la taza con la cuchara antes de probar —así el líquido queda homogéneo— y juzga entonces.

Compruébalo tú mismo, que es fácil

Coge una bolsa de café recién tostado y no la abras hasta el tercer día. Haz un espresso y fíjate en la crema. Repite con el mismo café el día doce, con el mismo molino, la misma dosis y la misma máquina de espresso.

Lo normal es ver menos crema la segunda vez y encontrar la taza más redonda. Ese es todo el argumento de este artículo, hecho en tu propia cocina y sin fiarte de nadie.

Si quieres afinar más, en la molienda del café está la otra mitad de la historia, que es la que de verdad decide la taza.

Espresso visto desde arriba en un vaso de cristal ámbar sobre una báscula, con la crema de color avellana cubriendo toda la superficie
Un espresso visto desde arriba: la crema, de color avellana, cubre la superficie entera del vaso.
Las últimas gotas de un espresso caen del portafiltros en una taza blanca, sobre la crema que se está formando
Las últimas gotas de la extracción caen sobre la crema, que se va formando en la taza mientras sale el café.
Tarjeta con la receta de espresso de este café: 18 gramos, ratio 1:2,2, agua a 93 grados y 27 segundos de extracción. También va bien en cafetera italiana y en prensa francesa.
La tarjeta con la receta de espresso de nuestro café de Brasil: 18 g de café, ratio 1:2,2, agua a 93 °C y 27 segundos de extracción.
El papel de la especie de café en la espuma del espresso no está establecido y no puede considerarse una creencia consolidada.
Ernesto Illy y Luciano Navarini, illycaffè · Neglected Food Bubbles: The Espresso Coffee Foam, 2011

Preguntas frecuentes

¿Mucha crema significa que el café es bueno?

No. La cantidad de crema depende sobre todo de cuánto CO₂ le queda al café y de lo oscuro que sea el tueste. Son decisiones de estilo, no medidas de calidad. De hecho, la crema abundantísima suele venir de café demasiado fresco.

¿De qué está hecha la crema del espresso?

De burbujas de dióxido de carbono generado en el tueste, envueltas en una película que es una emulsión de aceite en agua: gotas microscópicas de aceite —el 90 % de menos de 10 micras— en una disolución con azúcares, ácidos, material proteico y cafeína, más fragmentos sólidos de 2 a 5 micras.

¿La crema son los aceites del café?

En parte. Los aceites están en la pared de la burbuja, pero no son lo que la sostiene. Quien forma la espuma son las proteínas y las melanoidinas del tueste, y quien hace que dure son los polisacáridos de alto peso molecular. La grasa libre, de hecho, tiene un efecto negativo sobre la formación de espuma.

¿El robusta hace más crema que el arábica?

Se dice mucho, pero no está demostrado. La revisión de illycaffè sobre la espuma del espresso concluye que el papel de la especie no está establecido, y recoge estudios que no encuentran diferencias de volumen de espuma entre arábica y robusta.

¿Es malo que la crema se abra nada más servir el espresso?

No necesariamente. Un arábica de tueste medio y bien reposado da una crema fina de color avellana que se abre pronto, y eso es lo normal. Lo que sí da una pista es una crema muy alta y pálida que se viene abajo enseguida: suele indicar café demasiado fresco.

¿Por qué mi espresso no tiene crema?

Las causas habituales son molienda demasiado gruesa, dosis corta, café con muchas semanas desde el tueste —ya sin gas— o un tueste claro, que da menos espuma. Si además la taza sabe aguada, el problema es la extracción; si sabe bien, no hay problema.

¿Hay que remover la crema o bebérsela tal cual?

Removerla es una práctica perfectamente razonable: homogeneiza la taza y evita beberse primero la parte con menos interés sensorial. No hay ninguna regla que lo prohíba, aunque la costumbre italiana sea servirla intacta.

De dónde salen estos datos

  1. Neglected Food Bubbles: The Espresso Coffee Foam (acceso abierto) Illy y Navarini, illycaffè · Food Biophysics, 2011
  2. Foamability, foam stability, and chemical composition of espresso coffee as affected by the degree of roast Nunes, Coimbra y otros · Journal of Agricultural and Food Chemistry, 1997
  3. Influence of polysaccharide composition in foam stability of espresso coffee Nunes y Coimbra · Carbohydrate Polymers, 1998
  4. Investigation of the factors that affect the volume and stability of espresso crema Food Research International, 2018
  5. Foaming agents from spent coffee grounds: the role of coffee oil as antifoam Food Hydrocolloids, 2020

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